Aquellos pegostes blancos
Si hay algo que no me falto en la infancia fue definitivamente ir a la playa, aun recuerdo los largos viajes a Higuerote cuando la autopista terminaba en Terrazas del Avila y pocos años despues se estreno la nueva autopista hasta Guarenas, que para aquel entonces era la única población notoria hasta llegar a Higuerote o Rio Chico.Luego de horas de muchas curvas y luego de pasar la recta de Higuerote, ya uno se emocionaba por el día de playa que comenzaba con mis hermanos y primos, pero aun faltaban las interminables paradas para compras de hielo y respectivos suministros y luego rodar despacito por toda la franja de arena del Centro Turistico buscando el mejor puesto entre las matas más grandes.Transcurrido todo esto y cuando por fin podía abrir la puerta del Malibu para salir corriendo hacia la playa, era detenido repentinamente de el brazo por una fuerza invisible, inevitable, de la que nunca me pude escapar hasta la adolescencia… la mano de mi mamá deteniendome para protegerme del sol, empatucandome de crema Nivea (la de la latica azul y razón del post).Con desespero uno corría a la playa para quitarse lo más posible ese patuque blanco de encima, algo más rudimentario que las pintas azules de William Wallace en Brave Heart y a años luz de las actuales para los partidos de futbol. Presumo que eso influyo en mi rechazo a disfrazarme en carnaval, en mirar mal a los payasos y en hacer chistes ironicos cuando una dama se retoca el maquillaje.Creo que de llevar tanta crema Nivea en la infancia, hizo alterar algun gen oculto en el tiempo, que desperto hace un par de años con la línea Nivea For Men, como todo evoluciona, la crema de la latica azul no solo tiene una amplia gama de productos para la mujer, sino que cada vez que entro a un Farmatodo, hay un nuevo producto de la linea For Men, comenzaron con la espuma para afeitar, desodorantes, exfoliantes, gel refrescantes, after shave y para Ud. de contar con cremas y lociones que regeneran la piel y no se cuantas cosas, como haciendonos recordar que los que fuimos victimas de la latica azul hoy somos adultos contemporaneos y por más que en algún momento de nuestras noveles vidas haciamos lo posible para escaparnos de la latica azul, hoy somos nosotros quienes vamos por los herederos de la marca, la cual mantiene vivos esos recuerdos de la infancia, con la valla publicitaria que ya es leyenda en la autopista Francisco Fajardo a la altura de El Rosal

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